• Angel Yessid Monsalve Ortiz

    Miembro
    febrero 4, 2024 at 4:15 pm

    <b style=”background-color: var(–bb-content-background-color); font-family: inherit; font-size: inherit; color: var(–bb-body-text-color);”>Necesidad de una Hoja de Ruta de Transición Minero Energética.<div>


    Preguntas orientadoras:

    • ¿Cuál considera es el objetivo de una hoja de ruta para la transición justa?
    • ¿Quiénes deben participar en el diseño de la misma?

    Una hoja de ruta para la transición justa hacia un sistema energético descarbonizado y basado en renovables en nuestro país es un proceso complejo que debe tener en cuenta cómo mínimo dos variables: ser equitativo y sostenible. Algunos elementos clave que debería incluir esta hoja de ruta son:

    1. Planificación estratégica desde la institucionalidad: debe desarrollarse un plan nacional con metas claras de transición energética, etapas, plazos y la asignación de recursos necesarios por parte del Gobierno. Este proceso requiere diálogo y participación de todos los actores: gobierno, empresas, sindicatos, comunidades y la ciudadanía.

    2. Mezcla de políticas e instrumentos: Se necesita una combinación de políticas regulatorias, incentivos económicos, inversión pública y fomento de la investigación e innovación.

    3. Protección laboral y creación de empleos: Planes para reconvertir y acompañar la transición justa de los trabajadores de industrias fósiles, al tiempo que se crean nuevos empleos verdes a través de programas de formación y desarrollo de cadenas de valor renovables.

    4. Enfoque en comunidades vulnerables: Garantizar que los beneficios energéticos lleguen a poblaciones rurales, indígenas y de bajos ingresos, sin impactos desproporcionados. Promover su inclusión en la transición.

    5. Participación y empoderamiento ciudadano: Crear mecanismos que permitan y fomenten la generación distribuida por parte de hogares/comunidades, el autoconsumo, la eficiencia energética y la democratización del sector.

    6. Financiación e inversiones: Canalizar recursos públicos y atraer inversión privada nacional/internacional hacia infraestructura y proyectos renovables con beneficios sociales.

    7. Cooperación regional: Impulsar la cooperación técnica/financiera entre países de la región y el intercambio de mejores prácticas.

    En resumen, esta hoja de ruta integral ayudaría a América Latina a avanzar en una transición energética justa que descarboniza la economía, protege trabajadores, empodera a ciudadanos y comunidades vulnerables.

    El ciudaano en el centro

    La transición hacia un sistema energético basado en fuentes renovables presenta una oportunidad única para empoderar a la ciudadanía y situarla en el centro del modelo energético. Esto implica un cambio de paradigma que traspasa el control y la generación de energía de grandes empresas centralizadas hacia la participación activa de los ciudadanos en la toma de decisiones sobre la producción, consumo, almacenamiento y venta de su propia energía.

    En primer lugar, la democratización tecnológica ha hecho que las instalaciones de energía renovable sean más accesibles y asequibles para los hogares y comunidades. Los paneles solares, pequeños aerogeneradores y sistemas de almacenamiento de baterías permiten a las personas convertirse en prosumidores, es decir, productores y consumidores de su propia energía limpia.

    En segundo lugar, la transición energética reconoce el derecho de los ciudadanos a generar su propia electricidad mediante fuentes renovables y a poder vender los excedentes a la red eléctrica. Esto les permite no solo reducir su dependencia de los proveedores tradicionales, sino también obtener ingresos adicionales a través de la venta de energía.

    Además, el almacenamiento de energía en baterías domésticas o comunitarias permite a los ciudadanos gestionar mejor su propia energía, optimizando su consumo y reduciendo su huella de carbono. Esto les brinda mayor control sobre su suministro energético y les ayuda a adaptarse a las fluctuaciones de la oferta y la demanda.

    Por último, la transición energética fomenta la participación ciudadana en la toma de decisiones sobre la planificación y el desarrollo de proyectos de energía renovable a nivel local y regional. Esto permite que las comunidades sean partícipes en la configuración de su propio futuro energético sostenible y en la creación de beneficios socioeconómicos para sus miembros.

    En resumen, para responder al interrogante planteado en el foro, y con base a las lecturas, es dable concluir que la transición energética hacia las renovables debe situar a la ciudadanía en el centro del sistema energético, reconociendo su derecho a producir, consumir, almacenar su propia energía limpia. Esto brindará mayor autonomía, control y participación en la configuración de un futuro energético sostenible y equitativo para Colombia.

    ANGEL MONSALVE O.

    Abogado especialista en Proyectos de Desarrollo

    </div>